por Bernardo Saravia Frias7 noviembre, 2019
Al abogado del Estado

Vocación es llamado. No es un llamado cualquiera; se trata de uno vital, que define la existencia. Invoca la pasión más profunda, que marca un destino y lo define para siempre. La abogacía es una vocación, sin dudas; pero la abogacía del Estado es una vocación por excelencia, mucho más profunda y con rasgos tan particulares, que la hacen única.

Es tanto lo que hacen los más de 6.800 letrados que componen el Cuerpo de Abogados del Estado, que cuesta condensarlo y ponerlo en palabras. Si se presta la debida atención, son la burocracia por excelencia: fundamento y motor de las decisiones públicas que se toman día a día, que permiten que el Estado funcione, pero que funcione adecuadamente, de acuerdo con la ley.

Si se presta más atención todavía, se cae en la cuenta de su rol central, estelar, diría: son los guardianes de la seguridad jurídica; porque su tarea es velar porque lo que se hace (o se deje de hacer) esté apegado al derecho. Ese es su norte; el motivo, el principio y el fin de su quehacer, lo que tiñe su tarea de la trascendencia más definitiva para la sociedad. Porque, a fin de cuentas, representan al Estado y así, por carácter transitivo, pero de modo directo, a la sociedad toda. Cada acto, cada opinión, cada defensa, tiene como poderdante al mejor y al más exigente; esa es la carga y al mismo tiempo la honra de su labor: representar al Estado y a la sociedad.

Los conozco. Los quiero. Tengo el honor de trabajar codo a codo, en las situaciones más comprometidas y aprendí, al lado de los mejores, el sentido de su vocación. El empeño en defender millones de juicios con la convicción de que está en juego el bien común. La profundidad en el análisis para emitir sus dictámenes, muchas veces señeros, porque está en juego el interés público. El compromiso en el control, para enmendar errores (que se cometen sin duda) y superarse. Para investigar con rigor las irregularidades en la Administración, cuando corresponde, porque ser parte del Cuerpo de Abogados es un privilegio, y solo pueden ser parte los que están a la altura del desafío.

Brindo por ellos en su día: porque continúen con la vocación excelsa de velar día a día por la seguridad jurídica de nuestro país.