por Bernardo Saravia Frias30 septiembre, 2019
危機

En chino, la palabra crisis consta de dos caractéres: wēi(wei ji)’; el primero es crisis propiamente; el segundo es oportunidad. Van juntos, en sabia coyunda, sugiriendo que uno acompaña al otro; o más bien que uno da nacimiento al otro: de la crisis a la oportunidad.

La Argentina se mueve de crisis en crisis, con cada período respondiendo por los abusos del anterior. Lejos de la sabiduría oriental, cada una de nuestras crisis encarna un salto ornamental al pasado, un regresar al primer casillero en el juego de la Oca. Desde hace años, tal vez desde tiempos de Alvear, estamos en el laberinto del minotauro, sin poder encontrar el hilo de Ariadna. No podemos encontrar el rumbo, avanzar.

Esto tiene consecuencias en el derecho. Recordando a Agamben, vivimos en el pliegue de la excepción permanente; la excepción se ha convertido en regla y así vivimos los abogados, sin estabilidad jurídica. Pero es más grave aún, trasciende los límites del derecho (a fin de cuentas, el derecho es una herramienta para transformar la realidad, no un dogma): la crisis, la emergencia, la excepción permanente, generan pobreza. Este estado, junto con la corrupción, que es el otro gran flagelo, son sus dos grandes causas.

¿Cuál es el rol de los abogados del Estado? Es simple y complejo al mismo tiempo: abrazar la institucionalidad, la seguridad jurídica; es en el pliegue del límite que se ve toda su dimesión, todo su valor. Los abogados del Estado tenemos un rol estelar en estos trances; de agarrar la antorcha y asegurar la estabilidad institucional.

La pregunta que le sigue, apropiada por cierto, es ¿cómo? Y eso merece una respuesta, lacónica pero no por ello menos potente: eficacia. Es un supraconcepto aglutinante de los principios de celeridad, economía y sencillez, que está incorporado a nuestro orden positivo a nivel infraconstitucional a través de la Convención Americana contra la Corrupción (art 1 inc. b) de la 19549) , con dos rasgos, uno de fondo y otro procedimental.

Se trata de elegir adecuadamente los medios y aplicarlos para conseguir el resultado previsto; es, en definitiva, la forma más hábil de conducirse al resultado previsto. Ni más ni menos que el método cartesiano, que determina elegir el camino más corto y con menos acechanzas.

La eficacia es el método para salir del círculo vicioso de esta patología transitoria que se ha adquirido rasgos de permanencia. Tenemos que abandonar esa hiperestesia por la crisis que ya nos agota a los argentinos. Aprendamos de la palabra china: abracemos la oportunidad de cambiar.