por PTN-lado B26 marzo, 2018
De Banderas descoloridas

La profesión de abogado no es como cualquiera a la hora de las encrucijadas éticas. Cierto es que muchas veces los límites se difuminan, pero hay situaciones que no admiten discusión, son blanco o negro. Un caso preclaro es litigar contra el propio país en un ámbito internacional. Podría ser exagerado invocar la última parte del artículo 29 de la Constitución Nacional, pero anteponer el propio peculio a la pertenencia es cruzar un Rubicón que debiera ser infranqueable, más allá de lo que digan los códigos.

Interroguemos a la historia. Allá por 1876, Bernardo de Yrigoyen era canciller y puso en evidencia la encrucijada ética. En medio de una crisis financiera, un banco extranjero habría dejado en mejor resguardo reservas de oro que conforme a normas de emergencia dictadas, debiera haber entregado. Tras la intimación, el representante del banco extranjero se apersonó con su abogado argentino a anunciar que su majestad había dispuesto el emplazamiento de una cañonera en el río Paraná. La reacción del canciller fue contundente: se puso de pie y manifestó que la reunión había terminado, al menos hasta tanto se hubiere retirado el abogado argentino representando a la corona inglesa ante su país. Dejo a la curiosidad averiguar quién era el letrado.

Patria viene de pater, y hace referencia a tierra de los padres. En tiempos de globalización, muchos olvidan su origen y procurator in rem suam, prefieren abrazarse a banderas descoloridas y parámetros éticos todavía más grises para litigar sin ningún decoro contra la nación.

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